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jueves, 19 de junio de 2008

David Escobar Galindo: Poeta extraviado en la ciudad




David Escobar Galindo






¿Y si una noche de verano aciago un hombre se convirtiese en pájaro sediento? ¿Y si una tarde de náufrago ocaso un hombre se relamiera sus heridas como en danza inagotable? ¿Y si en la cotidiana andanza un hombre común se transformará, por virtud del rumor de las avenidas, en poeta?

Si esto fuera posible, ese hombre se llama David Escobar Galindo.
Este salvadoreño nacido en 1943, en Santa Ana, tiene la virtud de dar levedad a todo lo que toca: a un bote de basura, a un indigente, a una rata que ha mordido la esquina de la última cuartilla escrita.
Pero no se piense que con esa levedad se habla de frivolidad, yo digo de la levedad con que el poeta dota a todas las cosas mundanas y terribles en maravillas poéticas; maravillas que acaso lo sean del lenguaje aunque no siempre hermosas.

Hay en la poesía de Escobar una patina de esmog, un dejo como de tristeza por el Adán perdido, digo el Adán del paraíso, de ese ambiente exuberante y vivo, del Adán venido a menos.

David habla como poeta de ciudad, como hombre acostumbrado a la basura y al ruido, a la mala leche de los vecinos que bien sabemos siempre están pendientes de la extravagancia de su vecino el poeta, pero que se diga “acostumbrado” no significa que conforme; este salvadoreño se desquita del mundo y sus contrariedades, acaso con la mejor de las armas que posee: la palabra.

Un hombre camina por las calles, pero no mira sólo las calles; puede ver también lo poco que de hermoso hay en ellas, incluso lo de menos hermoso que puede haber en el acto tristísimo y terrible de ver a un congénere esculcando la basura. Este hombre ha tenido el privilegio de tener a la poesía como compañera de juegos:


Te esperaba en la puerta
con mi juguete nuevo;
sabía tu pasión
por los juguetes nuevos,
y siempre te llamaba
con uno diferente:
¿Recuerdas la moneda
y el grillo
y los botones?
¡Quizás no lo recuerdas! ¡Calla! Sólo
fue ayer, hace un millón de pensamientos
y sentimientos y secretas dudas.

Del Las manos en el fuego, 1969


Este poeta se detiene en los detalles, en lo pequeñísimo que hay en el ancho mundo, en las minucias que nos construyen cotidianamente, pues, ¿de qué esta hecha la vida si no de pequeñísimos detalles cotidianos, si no de levísimas palabras inconclusas?, como las que pueblan la cocina:

Me regocijo entre las copas, las porcelanas y los cubiertos
Porque ninguna agenda está tan sometida a los movimientos profundos del alma
Como esta de compartir la mesa día a día,
Hay una lógica risueña del mantel,
Una gnoseología de los azafates cristalinos,
Una pedagogía de los aceites y los vinagres,
Una ética de los vinos bondadosos,
Una estética de los tomates y las lechugas,
Una metafísica de la salvia y el romero,
Una estimativa de las proteínas y los carbohidratos,
En fin toda esa ciencia superior del aliento en común,
De las manos que se intercambian aromas y sabores,
De las palabras que al ser las mismas tienen la originalidad de lo que nunca será dicho.


De El libro del fiel, 2002


Aunque David Escobar ha escrito innumerables obras de todo tipo, yo sólo he tenido acceso a dos poéticas: Las manos en el fuego, escrita alimón con Mercedes Durand y que fue acreedora de una mención honorífica en el XIII Certamen Nacional de Cultura de El Salvador, año 1967; y la otra, El libro del fiel (2002), disponible en línea; y con esto poco sólo puedo refrendar el grato sabor de boca que me dejó reconocer la misma voz que en el primero, pues aunque sus nacimientos están separados por bastantes años la voz sigue siendo la misma, Escobar no ha perdido entonación ni agudeza para describir el mundo y a la mujer amada, ni las calles con todas sus asperezas, ni su tierna infancia que toca timbres y huye. En los post siguientes aparecerá una selección de las dos obras mencionadas.