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miércoles, 21 de agosto de 2013

Ojo pineal 1

En vista del polvo que se le va haciendo a este blog, y como no quiero eliminarlo (aún), pues de ahora en adelante aparecerán aquí mis colaboraciones para el programa "Vagancias y Extravagancias", que como bien saben (y si no saben, les explico) se escucha de lunes a viernes en Radio Mexiquense (http://www.edomexico.gob.mx/TVMEX/htm/radio/radio.htm), de 16:00 a 17:00 horas.

Se trata de una pequeña colaboración que se transmitirá todos los miércoles, y que se llama "Ojo pineal". Que es la conjunción de dos conceptos. El primero está relacionado con el tercer ojo en el que creen diversas religiones y que es el ojo de la percepción, con el que se mira más allá de lo visible. El segundo concepto es la glándula pineal, que es una glándula alojada justo en medio de los dos ojos y a la que se le atribuyen las propiedades del tercer ojo: percepción, premoniciones, intuición, etcétera.

Estos pequeños textos conforman un blog radiofónico, pues aparecerán al aire en la radio, y escritas aquí por si quiere regresar a ellas y consultarlas, y son reseñas de páginas electrónicas, en las que puede encontrarse información interesante y se llaman así porque es como mirar sobre la red con una mirada más allá de lo tangible, que se dedica a filtrar y capturar lo que a mí me parece más relevante de la red (que obvio es arbitrario y mínimo). 

Estas reseñas se suman a las que ya conocen que aparecen todos los viernes en el blog de la revista Este País (http://estepais.com/site/), y que se llaman "El domador de polillas" (sobre libros y literatura), y "Long Play" (sobre música). Ojalá les gusten.

El identificador gráfico de "Ojo pineal" será este conejito de tres ojos.



Revista Shangri-lá

Puede ver esta revista en http://shangrilatextosaparte.blogspot.mx/

En 1933 James Hilton escribe la novela Lost Horizons, en donde aparece la ciudad de Shangri-lá topónimo del lugar utópico en el que radica la felicidad plena; más tarde en 1937, Frank Capra rodó la película homónima, y de aquí es de donde un par de editores, a saber Max y Lemmy, de Santander, España, decide retomar el nombre del mítico lugar para su revista digital. Como ellos mismos dicen en su blog, Shangri-lá, derivas y ficciones aparte “empezó a navegar el 2 de octubre de 2006 y comenzó una segunda travesía el 3 de septiembre de 2010”.
    
En el inicio fue una revista. En los 11 números que se encuentran libres para su descarga en PDF podemos encontrar más datos acerca de Shangri-lá, Chris Marker, Diane Arbus, Terrence Malik, Clarice Lispector, Alfred Hitchcock, Auschwitz y el Holocausto, Luis Buñuel, Roberto Rosselini, Edward Yang, y los recuerdos y el lenguaje de la memoria.

Al interior, uno encuentra separatas sobre cine, música, fotografía, pensamiento y literatura, hermosamente ilustradas y mejor escritas. Su extensión en páginas es prolija, así que debe tomarse su tiempo para descargarlas y echarles un vistazo.

Más tarde, en 2010, la revista se convirtió en editorial, http://shangrilaediciones.com/ con un catálogo bello, novedoso y propositivo. La revista se sigue editando; sin embargo, ahora hay que pagar por ella, no lo digo como lamentación pus es gasto que amerita. Consúltela y disfrute de ver el horizonte de la realidad desde una trinchera española. 

jueves, 19 de agosto de 2010

Convicciones: escribir con indecencia


Iba a poner aquí,
una foto de la portada de mi libro,
para hacerme la muy muy;
pero luego me acordé,
que no tengo libro…
¡Ajajajajajaja!

Yo

Respuesta a la ponencia de mi Caballo. (O consecución, como mejor le parezca.)*


Convicciones. Ay, mi Caballo, en que honduras te metes. Sí, tenían razón esas gentes: estás lurias.

Si algo tengo cierto en la vida (de lo muy, muy poco que tengo cierto) es que se necesita convicción para escribir. De otra forma, ¿por qué querría uno escribir? Si es un oficio tan despreciado, tan mal pagado (al menos en este país) y tan poco escuchado, reconocido y (lo más importante) leído y que requiere además tanto esfuerzo —claro como no seas amigo de Saúl Hernández y tu abuelita te pague viajes al extranjero para tener “experiencias de vida”.

¿Por qué querría uno escribir, pudiendo ser dentista, contador, ingeniero, taquero o narcotraficante, profesiones éstas bien remuneradas, y sí dejan para vivir y no andar en la cuasi indigencia?

La “cosa”, porque sí es una “cosa”, funciona más o menos así. Si algo me apasionó desde que descubrí la literatura en mi adolescencia, es la forma en que descubrí como esos hombres y mujeres que he leído han sido a través de los tiempos los más desgarrados y los más verdaderos, y van guiados no por lo que dicta el estatuto social de moda, sino lo que ellos tienen en la entraña. Eso pasa cuando eres adolescente. De pronto te viene la calentura y comienzas a escribir, o a creer que escribes. Si eres tanto más avezado comienzas a inmiscuirte en circunstancias escriturales, es decir, buscas un “taller literario” o “amigos” que escriban. Y si la vida te sonríe logras encontrarte como en tu “ambiente”, digamos.

Y es aquí donde viene el momento difícil; el quid, para que no digan que no soy intelectual.

Si tienes un tantito de talento, aunque sea poquito, o aunque sea sólo talento para hacer relaciones púb(l)icas, viene el momento culminante en que alguien te dice: “Oye, ¿y por qué no publicas?” Yo no sé quién dijo que publicar en este país es difícil. Lo que es difícil es publicar cosas de calidad.

Y si tu ego es tantito grande, aunque sea poquito, cometes la burrada de dejarte guiar por la calentura. ¡¡Claro, cómo no se me había ocurrido!! Publicar. Esa es la idea, no importa qué ni cómo, pero ha de ser muy gozoso tener un libro en las manos que lleve tu nombre (imagino), qué mejor si es un libro de poesía, porque nadie le entiende, y entonces se va por la vida recibiendo elogios, adulaciones y vivas y hurras (sí, porque es lo mejor que se puede hacer con los poetas: “seguirles la corriente”, porque están loquitos e igual nadie les entiende e igual ellos ni se dan cuenta de que nadie les entiende, con que los lean sus amigos, sus papás y su perro es suficiente).

Entonces ya acalenturados (o como dijera mi madre: “ya encarrerado el camión, que chingue a su madre el pasaje”), y con los contactos necesarios, ¡publiquemos! Pues qué chingado… y en la búsqueda de la publicación se descubre que hay unos subsidios conocidos como becas y concursos. Ah, porque no es cierto que el gobierno nos desprecie a los ciudadanos, no es cierto que le interese tenernos en la más profunda de las ignorancias, no es cierto que al Estado le interese acallar las voces que lo critican, no, no es cierto, pura falsedad… el gobierno da dineros a personas que se saben “intelectuales” y que tienen cosas por decir, al Estado le gusta tener hijos que sean “inteligentes” y que escriban, y que hagan de la vida un estadio hermoso con sus maravillosos versitos de colores. (Pero acaso no hay mejor forma de mantener controlado al enemigo que sabiendo de cerca qué demonios está haciendo, con quién habla, lo que dice y cómo lo dice… es duda).

Y si uno perdió en estos dos trances anteriores la poca inteligencia que tenía, pues se monta en lo que yo llamo la “farándula literaturesca” que es: concursos >> becas >> premios >> publicaciones >> grupies >> alcohol >> presentaciones >> más grupies >> adulaciones >> cheques (nada sustanciosos) >> lubricidades >> y tengo que escribir para el concurso tal >> y tengo que escribir para el concurso cual >> y tengo que mandar texto para la convocatoria >> etcétera>> (y no sé por qué esto me suena como a pizzas a domicilio, así que no veo dónde está el trabajo intelectual).

Y luego se encuentra uno con personajes que dicen (subidos en un pedestal): “pero si yo este año, llevo escritos 23 libros”… ay cabrón, oiga, tome usted pepto bismol, por favor, no joda. [Si no pongo el nombre del sujeto, es porque mi familia (no yo, yo no importo), mi familia puede ser exiliada y perseguida en el Estado de México.)]

Lo anterior lo escribo, para que Caballo sepa (lo sabe, lo sé) que hay casos peores que el de su amigo el “decente”. Al menos, el quiere ser decente y tiene buenas intenciones. Hay otros, que no conocen esa palabra ni de lejos.

Y yo no entiendo, en todo esto, dónde está el verdadero ejercicio de escribir. Dónde están las convicciones, como bien pregunta mi Caballito Bronco.

Es triste, mucho, llegar al punto en el que se quieran escribir “poemas decentes”. No, así no. No quiero. Me resisto.

En mi caso, yo sobreviví no sé cómo a todas estas calenturas. (No por mucho tiempo, tampoco me ufano.) Sin embargo, digo sobreviví, porque no he publicado nada de lo que me avergüence, no he publicado nada porque me haya sido pedido para llenar páginas de antologías, no he publicado nada apadrinada por nadie. Y en todo caso, jamás he avergonzado a quienes pudieran ser mis padrinos. He esperado, a pesar de la clamidiasis. ¿Por qué? Porque yo no quiero publicar poemas “decentes”. Yo soy ambiciosa y sí, si quieren, mamona y ridícula, tal vez. Pero yo quiero publicar cosas indecentes. Indecentes de esas que se te cuelan en el hígado; indecentes de esas que saltan de la página y te dan de bofetadas; indecentes como puta de la Merced: puercas, y apestosas y con gamborinos; indecentes porque rompen madres; indecentes para que evidencien el mierdero en qué vivimos; indecentes para quejarme y recomponerme de la vida que me tocó; indecentes hasta que les salgan gusanos; indecentes hasta que escupan gargajos; indecentes así a secas y a mojadas, también.

¿No acaso son las obras más indecentes, las más recordadas en la literatura? Yo no quiero escribir para nadie, ni para obtener un cheque. Gracias a mi madre, sé trabajar y ganarme la vida con el sudor de mi frente y los callos de mis manos (sí, tengo callos: del lápiz en los dedos, y del mouse en la palma de la mano, y últimamente, también tengo síndrome del túnel del metacarpo, o cómo se llame), y no me hace falta que el gobierno me subsidie ni me aplauda ni me mueva la cola.

No es que odie al gobierno (jajaja). Es que me gusta decir, lo que tengo que decir cuando tengo que decirlo. Es que me gusta pensar que al menos en lo que escribo, yo soy la que controla mi universo (porque no tengo más espacio que ése), sino mejor escribo guiones de tvnovelas, qué carajos. Es que me gusta pensar, que me va la sangre y el vómito y la bilis en mis palabras. Es que me gusta creer, que tal vez algún día escribiré algo que le signifique a alguien, aunque no vaya un cheque ni un título nobiliario de por medio. Es que me gusta creer, aún. Mal vicio.

Sí, yo quisiera pensar que algún día podré hacer una “literatura” ya no transformadora, al menos “literatura”, dicha ésta con garbo y con respeto y quitándome el sombrero, y no pensando que es una puta que se compra en cualquier burdel de tres mil pesos al mes. Pero como la codicia me corroe, sí, también quiero un “literatura transformadora”, no de países, soy incapaz de emprender tan heroica tarea. Transformadora de palabras, de voces, de lágrimas. Transformadora de miradas, de perspectivas, de dolores en el vientre.

Ya lo dijo mi Caballo el otro día: “Vivir es una tragedia”. Pues a mí escribir, me ayuda a mascullar mi tragedia cotidiana, a gritarla, a putearla, a digerirla, a complacerla, a intentar de remendarla, a fingirla, a amarla. Y si me coge tantito la vanidad, me gustaría pensar, que alguna vez, también ayudará a alguien, uno solo, con la suya propia jodida tarea de existir.


Nota: Sí, es posible que luego de esta perorata, haya quien me diga: “No estés chingando, enseña las armas, ¿a ver?” Y no es que no las quiera enseñar, es que las estoy puliendo y aceitando; pero mi codicia es tal, que muchas veces me he preguntado, si de verdad me basto para escribir lo que quiero y necesito, como lo quiero y necesito. Y me lo pregunto todo el tiempo. Sí, haré el intento de cualquier modo. Sí, de cualquier modo terminaré prostituyéndome porque es la única forma de hacerlo. Sí, de cualquier modo este modo de hacer las cosas terminará por agarrarme las nalgas algún día. Sí, es posible que si algún día publico, alguien diga “¡No mames! ¿Y por estas porquerías haces tanto escándalo?” Pero al menos, yo sabré, que lo hice con dignidad (palabra hoy tan en desuso y tan sin ejercicio). Sí, también es muy posible que luego de todas estas cosas que escribo aquí, nadie quiera publicarme, eso no es algo que me atormente. Así que llegado el momento, ya veremos dónde y cómo hay que dar los jabs y los nock outs…


* Caballito fue invitada al encuentro de escritores jóvenes en Monterrey, y escribió una ponencia titulada: “¿Existen convicciones en la literatura mexicana joven?”.

martes, 8 de junio de 2010

33 y 6 días

Eres un país de luz, me dijo @cecilia
Tu cabello huele a mi infancia, me dijo @alonso
Chinaski, Chininicuil, China de mi arma, me dice @lorenza
Vieja, me dice @blanquillo
Chinita linda, me dice @micaballito
Mamá Hulka, me dice @dylan
China del cabello, me dice @ivanventura
Hija de tu madre, me dice @mimadre
Nena, me dice @micarnal

Ognuno sta solo sul cuor della terra
traffito da un raggio di sole:
ed è subito sera.
Salvatore Quasimodo*
El sábado cumplí 33 años.

Me disgusta que las personas se quejen de cumplir años. Al menos en mi caso todos los años han sido ganados a pulso, sístole-díastole, me he encargado de vivir la vida con pasión encarnizada.

Duele, no duele, carcajadas, lágrimas, frustraciones, zarzamoras tus besos, enamoramientos, Some of these days / You'll miss me honey, amar y desamar, armar y desarmar, sombrillas descompuestas, abandonar, ser odiada, provocar y ser provocada, poemas, templos de poemas, seducir y dejarme seducir, leer, comer, beber, escribir, siempre escribir, qué más da, speed jab, golpear y ser golpeado, jab, ganchos, curvas, bailar y dejarse apretar, power jab, los labios de Mohammed Alí, volver a reír hasta llorar y llorar hasta que sea ridículo y escupas carcajadas, nock out, seguir, moverse hacia delante, recular, recular y aventarse, bungee, flotar (experta flotadora, informes aquí), movimiento brownoideo, seguir, seguir, flaca, juntar, vincular, chocar, rozar, acariciar, lamer, morder (gggrrrr), arañar, hambres y fríos, consuelos y abrazos, erratas, refugios y orfandades, cálculos en la vesícula, pastillas aciditas en el corazón, embriones en la sesera, niño hermoso, caballito de madera, hojita de yerbabuena, musaraña peluda, Dylan, bosque de leche, leche con rock&roll, rockerista en potencia que saca la lengua, Dylan, jedai poderosamente negro y malo muy malo, y yo, caída y levantada, golpeada, vejada, restaurada, y el Parker y su saxofón, nueva, infinita, rizada, con manchas y batallas desiguales, garras, güevos, ternuras, diccionario entero de ternuras, Géminis, doble x 44, secretos, la voz de Jeff Buckley, rincones, resquicios, casualidades, azares, terrones de azúcar bajo la mesa, gorda, miradas, miradas incendiarias, Rita Guerrero que me imita, amados, miradas morenas, peces dorados en las vidrieras, comas y puntos, Tlanixco, miradas profundas y amargas, miradas de odio (sí, me han odiado), slam, manos que te detienen, no caigas, codazos, insubordinadas, rodillazos, sobadas, piolines misteriosos en los bolsillos, golpes bajos, traiciones, culer@s, cariños, chocolates, tequilas, óleos y Etienne, mezcales, garañonas, murales, espejos, yo y mis múltiples personalidades, y las de Lorena y las de Blanca, y charlas, charlas para componer el mundo y destruirlo y volver a componerlo, charlas sin fin y sin remedio. Y Ossip. Punkear y ser punkeado. Agua de guanábana. Otto Dix mirando en la ventana a La Maga. Amor. Amor con alta. Amor con altas todas. Amor mi Dylan. Amor tú que estás y tú que ya no estás. Amor yo, sin bronca alguna, mi familia, yo, nueva, vieja, suicida, Wong, siempre suicida, Ixtab, y un dele, delére, para borrar, y manchas de carmín, tatuajes, muescas con sangre, y un Caballito de Troya y una Princesa Ponk, y libros, más libros, leer de nuevo, hermosa, mirarte, más huevos, más libros, más harina, miel, todo miel, terrorismo poético, mami, mamacita, provocar, provocativa, ocelote, ocelote solo, ocelote en la cocina (no soy sólo glamour), ocelote en la jungla, ocelote de peluche, flores en mi jardín, mates que me llegan de La Rioja, Odiseos gruñonsones, nuevos poemas, más manchas, me la pelan forever, me emperro, me oceloteo, me aferro, y la guitarra de Bert Jansch, dedo meñique del pie izquierdo chueco, y la barba de John Renborn, elefantes cojos de un cuerno, más rizos, largos, cortos, desgreñados como siempre, prohibidos los peines, y Kurt rubiecito gritando, laberintos, ideas, más ideas, viajes y moretones, otra vez ideas, otra vez risas, me Río de Janeiro en tu sonrisa, tapires, abrazos, demonios tus besos, calurosos, la sicodelia de McLaughlin, besos tiernos, topes en la pared, ternuras, más ternuras, las quiero todas, y armas, muchas armas, blancas y rojas y negras y palabras, Brueghel y sus babeles, y mordidas en los hombros, puntos suspensivos, y cartas, más cartas, cartas que no escribo, que sí escribo, cartas de Berthe Trépat, cartas que mando, que no mando, cartas que no he quemado, I wanna be your dog, preguntas, momentos de reflexión, caracoles, momentos ocelotunos, aquí y ahora, muchas preguntas, toneladas de preguntas, cientos de millones de preguntas, gerberas, sigo y estoy, sola, acompañada, libre, más libre, muy muy más libre, higos y uvas, prohibido asaltar mi libertad, besos y besitos, besos de mordida, atrás de la raya, gozosa, feliz, feliz, serpentina con globos, abrazos, helado de chicle, abrazos gordos, lista para lo que sea, abrazos largos, nueva de nuevo nuevamente, abrazos de cucharita, quién me detiene, feliz como nunca, crucifíquenme que estoy viva, c'mon baby, quiero un Oliveira, ¿o era un Traveler? bleh... ¿y ahora qué? soy inmortal, inmoral e invencible, kamikazeeeeeeeeeeeeeeeeee... jm!
* Uno está solo sobre el corazón de la tierra / traspasado por un rayo de sol: y de pronto la noche.

viernes, 6 de junio de 2008

SE GRATIFICARÁ...


La mano de marfil,
GEO












Camino perdido en la busca de lo escondido.


¿A dónde van las cosas perdidas?


Ahí estaba, le dijeron: la gran avenida, tres cuadras a la izquierda, luego una a la derecha y, en la segunda entrada, un callejón oscuro, lo bastante como para no distinguir el dedo índice y el anular, “entras hasta el fondo y verás entonces, una muy tenue iluminación, ahí...”

Quiso recordar todo, hasta había hecho una lista, pero era imposible... eran tantas cosas. Desdobló el métrico papel, finado a cansancio de la diestra: el chupón azul de miel, ya seco pero que le daba seguridad; el trompo de franjas coloridas que le dio el tío Pepe; la medalla de la virgen del Sagrado Corazón del catecismo; el cuadernito azul con sus más recónditas ideas; el baberito batido en papilla del Pato Donald que tanto le gustaba; aquella carta de amor firmada por Olga; su fe en Dios; el frijolito rojo de la buena suerte que se encontró en una esquina; la bicicleta afuera de la panadería; la foto que le dio la abuela de la antigua casa familiar; el teléfono de aquella morenaza que lo cautivó; el marido de su madre; su primera pluma fuente de brillante tinta azul; dos suéteres rojos del uniforme de la escuela, por lo que recibió algunas nalgadas; el amor de Olga; una bolsa con cinco agüitas, tres bombochas y doce pintas; el respeto a los mayores; tres liras que le trajo Julio desde Italia; la Tarumba de Sabines; su yoyo fluorescente que ganó luego de unos moquetes; las cartas de recomendación para el empleo de cajero; la dirección de Julio en Italia; el recuerdo del rostro de su abuelo muerto; un calcetín café de rombitos; las llaves de su casa cuando vivía en la Doctores; haciendo cuentas, los como 32 pesos con 80 centavos del cambio de las tortillas; el dije de medio corazón que era la mitad del alma de Carolina; su credencial de militante del PRI; como diecisiete boletos del metro; la confianza en la justicia; su apunte de los metanos de Química que tanta falta le hizo para el extraordinario; una copia certificada de su acta de nacimiento... y en fin, que la lista no terminaba.

Como le habían dicho, ahí había una puerta tenuemente iluminada, tocó, y cuando le preguntaron “¿Quiéééééén?”, él respondió con la contraseña: "Camino en la búsqueda de lo perdido".

“¡Ahhh! Adelante, pase, esta es la bodega de los objetos perdidos”...