martes, 11 de mayo de 2010

De poetas y freelancers, parte tú

The favourite poet (1888), de sir Lawrence Alma-Tadema,
esta visión romantiquisíma y hermosa


Ah, pues que íbamos a hablar de los poetas, ¡qué güeva! Lo cierto es que ya me había dado flojera escribir esto, pero siempre digo que habrá una segunda parte que nunca escribo, y pensé que ahora sí tenía que cumplirles, no se vaya diciendo por ahí que no soy cumplidora, ¡í’iñor!

(Antes de seguir leyendo le aclaro que aquí dejaremos de lado la definición etimológica de poesía, que proviene de poiesis, y etcétera, recuerde que éste no es un bló culterano, no me interesa aquí hablar de la creación entera, no tengo la capacidad ni el espacio suficientes, y no, tampoco soy diosa, aunque quisiera... Hablaremos aquí de los escribanos, los locales y quizá los que conozco, y también de los que no conozco, pus qué.)

Pues bien, ser poeta, pues no sé qué es, sólo sé que viene con las hormonas probablemente (como diría Guillermo: “Eso son ganas de coger”), como a eso de los 17 o antes si usted es más bien precoz y si en su casa le enseñaron y le pusieron libros a la mano. Aunque cuando se superan las ganas de coger (en algunos casos, claro). Vienen las ganas de publicar y ser famoso en la mayoría de los entes (de los entes que escriben, digo), y peor aún, las ganas de ser en serio poeta, chanfle.

Pero, ¿qué es ser poeta?... de veras, ¿qué es ser poeta?

Pues según yo, ser poeta tiene que ver, antes que escribir, con tener una hípersensibilidad ante los estímulos mundanos y los internos; tener corazón hervido de pollo; tener lágrima fácil (manque uno se las aguante) y corazón de unidad habitacional (los condominios no son suficientes para las cosas que habitan el corazón de un poeta); tiene que ver con enamorarse de la vida y de la muerte; de los seres humanos: los hermosos y los nauseabundos, los honestos y los pérfidos; tiene que ver con tener los ojos grandes y siempre abiertos (o cerrados, depende de dónde se mire) para contemplar los detalles y la inmensidad de los lugares por los que se posa la pata; con tener las manos largas, tentonas (a mí me han corrido algunas veces de algunos museos porque me gusta tentar cosas y personas, y...), delicadas y violentas; con tener la oreja dispuesta a que en ella aniden los más terribles colores y sustancias, a que se queden ahí guardadas las más terribles combinaciones sonoras; con tener olfato de abeja y gusto de gourmet aunque sea para comer tacos afuera del metro y detectar el Scherichia coli, por no hablar de los besos y otras cosas viscosas; en fin, tiene que ver con flotar en medio de la realidad y ser capaz de apresar muchos de los detalles que ésta nos da día a día (que quede claro que esto es lo que yo creo, para más aclaraciones, busque en la columna derecha de este blog, la cita a Diane Wakoski).

Luego ya viene lo de la escribidera y eso ya es distinto, para mí un poeta (y yo aún no soy de esos y tal vez nunca lo seré), un gran poeta es aquel que puede hacerte sentir su emoción a través del tiempo, la lengua y el espacio, no importa qué diga, cuándo, cómo, por qué o para qué, o en qué idioma, si lo escribió y ha logrado tocar tu conciencia, ése es un gran poeta. No importa qué haya dicho, ni qué palabras haya utilizado, si lo escribió y cuando lo lees tienes la absoluta certeza de que no hay mejor forma de decir lo que está ahí escrito, y si más aún, te saca lágrimas o sangre y lo llevas por el resto de la vida marcado como una muesca de batalla en la piel, ése es un gran poeta, pero, y aquí viene el gran

PERO

resulta que ahora todo el mundo se cree poeta. ¿Y esto por qué pasa?

Pues pasa porque en un pueblo inundado de ignorancia, en una sociedad básicamente analfabeta, vulgar e insensibilizada como la nuestra, a cualquier barbón se le hincan (como en la primera parte, “cualquiera que tenga un lápiz en la mano, puede ser corrector”), con cualquier charanda se embriagan.

Pasa porque hay un sinfín de becas y bequitas, de premiecitos y premiesotes que tienen como única finalidad agarrar de los güevos a quienes escriben para que no escriban lo que ellos en verdad quieren escribir. O para que quienes se creen rebeldes estén inmiscuidos en cualquier cosa antes que en la rebeldía, no vaya siendo que... O tal vez no. Porque quizá tampoco tengan grandes cosas que escribir. Igual pasa en los grandes sistemas de investigadores, eh. Me pueden llamar paranoica si quieren, pero yo creo que arriba, más arriba de donde mis ojos alcanzan a ver, hay un plan siniestro, que tiene que ver con mantenernos a raya a todos, y ni cuenta nos damos de cómo, o nos acomodamos y que se chinguen otros.

Yo digo esto, porque también conozco a varios, por no decir muchos, que escriben con la única finalidad de no tener nunca que trabajar, lo cual, no está mal (quizá yo escriba esto nomás de pura envidia roñosa, porque yo sí trabajo), pero que a la hora de la hora, terminan presentándose a su última tutoría del Fonca con la misma pinche cuartilla (sí leyó bien, “cuartilla”, una, una solita, o bueno, cinco, pero eso no es un libro ¿verdad?), que escribieron al inicio del año, y todo por qué, porque hubo una mano peluda de por medio que les otorgó la prebenda. No digo que estén mal las prebendas, si se tienen que se aprovechen, está bien el encaje pero ¿así de ancho? ¿Y entonces que hay de los intelectuales que critican al poder? Jaja, pues esos creo que ya no existen, al menos no son conocidos ni publicables ni publicados. Porque a estos mismos yo también los he visto quejándose del gobierno y del “sistema” en el que vivimos, pero no se puede criticar si de ahí se come, no se puede tratar de componer el país si uno es un mantenido de los contribuyentes...

Se arman encuentros, lecturas, centros culturales, en donde las actividades poéticas tienen que ver con reunir grupies para los poetas (grupies que creen que un escritor municipalido puede ser comparado con Raymond Carver, ¡imagínese!), decirle al de al lado, «“maestro” que buenas cosas escribes», pedirle autógrafos, chaquetearse mientras el o la poeta lee sus malos textículos, acercársele, tocar su sagrado manto, o mirar el airoso caer de sus pestañas, y pensar que uno ya está inserto en la cultura nacional, y ¡ppfff! ¿de veras esto es la cultura nacional? ¿Qué tiene que ver todo esto con ser poeta?

Hay una gran falta de autocrítica en la literatura actual, sobre todo en la poesía. ¿Por qué en la poesía? Pues porque es el género en el que es más complicado y subjetivo decidir qué es bueno y qué no lo es. Sin embargo, ser poeta según yo, no tiene que ver con nada de todo esto. Ser poeta es como cualquier trabajo, hay que machetearle, hay que hacer la mezcla, pegar los adobes, derrumbar la maldita barda que quedó torcida, volverla a levantar. Que salgan ampollas y callos en las manos, o en donde tengan que salir, ¡chingao! Ser poeta es un entrenamiento diario que debe hacerse consuetudinario.

(Pasa lo mismo que en la entrada anterior, así como se creen editores personas que han visto y tocado tres libros en su vida; también se creen poetas, entes que en su existencia nunca se han tomado la molestia de trabajar para ello, o que trabajan en cantinas, en hoteles, o en algunos cruceros boleando zapatos, etcétera.)

Así es la vida y el mundo y yo no voy a cambiarlos. ¿Qué yo que hago? ¿Qué por qué me doy el derecho de escribir esto? Nomás porque quiero, nomás porque yo sí tengo respeto por estas dos cosas que hago en mi vida y sin las cuales mi existencia no tendría razón: editar y escribir. Y todo este alegato me llevó a recordar el texto que cito enseguida, sobre el trabajo del poeta. Ahí se los dejo...


Manifiesto: pan en contra del reloj de Mozart (1964)
Lew Welch

Yo no creo que haya una guerra entre los hipsters [golpeados, vagos, aventureros] y los squares [cuadrados, conformistas], y si la hay, yo no participo en ella. Soy un poeta. Mi trabajo consiste en escribir poemas que leo a gritos, publico y estudio. Aprendo el modo de convertirme en una clase de humano que tiene algo de valor que decir. Éste es un gran trabajo.

Naturalmente, me muero de hambre hasta perecer. ¿Naturalmente? No, amigo, eso no tiene sentido.

(“Mira, muchacho, si quieres pagar tus deudas tienes que salir en busca de un trabajo”.)

Yo tengo trabajo. Soy poeta. ¿Por qué tengo que hacer también el trabajo de otro? ¿Quieren que sea carpintero? Soy un pésimo carpintero. ¿Alguien le pide a un carpintero que escriba mis poemas?

Aunque de pronto estoy trabajando 20 horas diarias en un barco pesquero (es un bello trabajo y tiene su gracia, pero ése es otro cuento, por qué no gano el dinero suficiente en esa labor, ese es otro cuento). Y luego me doy cuenta de que no he escrito un poema en ocho meses. Estoy muy cansado. Todavía no puedo pagar mis deudas, 125 dólares al mes en San Francisco; la frugalidad es uno de los trucos de la ocupación del poeta.

Mientras tanto, los editores (“Lo siento, no hay dinero para los poetas”) imprimen mis poemas —muchas veces leo mi poesía en público (todo es beneficioso, pero no tengo pan para comer) etcétera, etcétera, etcétera.

Me arruino. Mi cerebro, literalmente, mordisquea bajo la extrañeza de ser poeta con éxito en tanto que ÉSE ES MI TRABAJO (todos están de acuerdo en que es un oficio bueno y noble y todo eso) repudiado.

NÓTESE, POR FAVOR, que nada de lo dicho tiene que ver con la generación beat, con Estados Unidos, ni con los hipsters ni conformistas —es algo tan antiguo como Mozart. Esta contradicción yo la veo así: pan en contra del reloj de Mozart (“no le paguen a ese tipo, sería muy vulgar plantearse que su trabajo es inapreciable. Mejor regálenle un reloj. Pero asegúrense de grabar un mensaje en el reloj, para que el tipo ese no vaya a empeñarlo”).

Como dije, estoy arruinado. Me fui a vivir al bosque durante casi dos años. Viví en una choza ubicada a 740 kilómetros al norte de San Francisco. Ahí trabajé. Bebí agua de un manantial. La choza está cerca del río Salmón. No tuve deudas ni billetes. Bajo el amparo de aquel hogar.

En noviembre volví a San Francisco, casi sano. Llegué con muchos poemas y algunas respuestas nuevas. En el bosque aprendí muchísimas cosas, y una de las más extrañas es ésta: los apuros que pasa el poeta (la contradicción entre Mozart y el reloj) se deben en parte a nuestros errores. MILES DE PERSONAS APRECIAN REALMENTE NUESTRO VALOR Y NUESTRO TRABAJO. SON PERSONAS QUE QUIEREN AYUDARNOS —¡PERO NO SABEN CÓMO!

Si somos tan cabronamente creativos, tendremos la posibilidad de resolver este problema, sobre todo por la gente que está de nuestro lado. Pues este problema no es sólo de los poetas. Es incluso, el mismo problema para establecer una ruta en panga. ¡Me niego a creer que un país rico no tenga medios para establecer una ruta en panga!

Estoy a favor de la Belleza y del Gozo y del Amor y de la Verdad, en todas sus formas. Soy poeta. Me percato, finalmente, de que parte de mi labor consiste en demostrar que podemos tener medios para sostener la poesía y las rutas en panga y el buen jazz vivo y los grupos de danza y muchachas en charolas de pescados* —¿y cómo podríamos vivir sin estas cosas? Sin estas cosas, la ciudad sólo sería un Enorme Mercado, vulgar, horrendo y peligroso— sin interés ni gozo, sin señales para nadie.

Por principio, debo resolver mis necesidades materiales. Sin causarle ningún tipo de molestia a mi comunidad; sin pedir limosna ni atacar a nadie. Debo pagar todas mis deudas y dedicarme a mi verdadero trabajo, que es el de poeta.

Sólo entonces podré atender otros problemas para resolverlos —y de nuevo, digo que sin causar molestias, sin mendigar, sin ataques. Sablear al prójimo en las cruzadas de caridad es algo que está fuera de lugar.

El próximo sábado 12 de junio, a las 20:30 horas, en el auditorio Old Longshoremen, en la avenida Golden Gate 150, conocerán más sobre esta polémica —donde Gary Snider, Philip Whalen y yo leeremos nuestros nuevos poemas.**

¡Vengan a ver cómo aparecen las visiones utópicas frente a sus ojos!

¡Poemas! ¡Regocijos! Como dijo George Herms, poeta-escultor: “¡Dios dice que sí se puede, Luisa!”

Y todo al módico precio de un dólar.

* “Muchacha en charola de pescado” era un espectáculo ilusionista que se presentaba en la cabaret Bimbos 356, en San Francisco, durante la década de 1960. (N. del t.)

Dolfina
Según averigüe, la muchacha en charola de pescado, salía más o menos así (como en la imagen de arriba) al escenario, y luego, terminó por hacerse la imagen del Bimbos, así que se imprimía, en los artículos promocionales del mencionado tugurio. ¡Me encantó! (N. de la que escribe aquí.)
** Lew Welch leyó este manifiesto por la radio, en San Francisco, para invitar a la mesa redonda titulada “Pan y poesía”, con lecturas de poemas de los beats mencionados. (N. del t.)

Anaya, José Vicente (comp. y trad.), Los poetas que cayeron del cielo. La generación beat comentada y en su propia voz, segunda edición, México: Casa Juan Pablos, 2001, p. 267-269.

Notas
1. A diferencia de Lew, yo sí fui carpintera, así que también de eso puedo hablar.
2. Sí, me dan envidia las becas, jaja, pero tantito nomás, porque así yo puedo escribir lo que quiero escribir, cuando yo quiero escribirlo (como también dice en la columna de la derecha, desconfío de los grupos).
3. Decidí ser editora, porque en efecto, de poeta uno se masca la suela de los zapatos. Y me gusta comer.
4. Sí, trabajar deja poco tiempo para escribir, por eso es que escribo con tanto despecho de quienes tienen becas y premios, jojo. No, también hay gente que respeto y admiro en todo esto, no es una generalización. Que quede claro que no estoy en contra de los métodos con los cuáles se obtienen becas y premios, "en la guerra y en el amor, todo se vale", no importa de que amor hablemos; lo que me saca de quicio, es que el cinismo sea tan grande que los beneficios de verdad se obtengan por no hacer nada...
5. Sí, en efecto, si me dieran una beca o un premio, lo disfrutaría. Como dije arriba la crítica es a quienes obtienen todo de gratis, como “elmejoreditordelmundo” y “elemejoreditorconbuenojo”.

martes, 30 de marzo de 2010

De freelancers y poetas, parte guan

Este viejito de aquí, es San Jerónimo,
el patrono de los editores y libreros,
no soy católica, pero como más vale prevenir que lamentar,
encomiéndome a ti.


Para Guillermo Fernández, Ricardo Garduño, Benjamín Chimal, Antonio Reina, Pilar Tapia, Miguel Ángel Guzmán, Carmen Vieyra y todos aquellos, que con paciencia y zapes (figurados, claro) me han enseñado algo en este bendito oficio.

Advertencia: Si tiene flojera de leer, mejor búsquese otra cosa, porque la neta este post sí está bien chorero, me salieron hartas cosas de mi ronco y ex fumador pecho, y no quiero aburrirlo. (Ah sí, esta primera parte está dedicada sobre todo a los freelancers, ya en la que sigue hablaremos de los poetas.)

Así como si nada, me doy cuenta de que han pasado casi seis meses desde la última vez que escribí algo aquí. Y como siempre, me da el síndrome de El libro vacío.* Que como diría Octavio Paz en el prefacio a éste es la imposibilidad de escribir y la necesidad de escribir, el saber que nada se dice aunque se diga todo y la conciencia de que sólo diciendo nada podemos vencer a la nada y afirmar el sentido de la vida.

Y digo escribí algo aquí, porque en realidad escribo todo el tiempo. No las cosas que yo quisiera, pero escribo. Tengo un trabajo en el que a diario estoy exprimiendo mis ojos, mi cerebro y las teclas de esta computadora. Ya sé que muchos se lo preguntan, ¿a qué me dedico? Pues bien, soy editora, por ahora, editora de libros de texto para secundaria.

Tengo 32 años de los cuales he dedicado 12 al trabajo editorial y he hecho de todo tipo de libros: culturales, comerciales, de literatura, técnicos, traducciones, revistas universitarias, de educación superior y media superior, gubernamentales, customs, boletines, etcétera. Y lo he hecho todo (editorialmente hablando, claro), menos un libro mío. En esas ando desde hace como dos años, pero soy tan ambiciosa que quizá nunca pueda terminar de escribir lo que quiero, como lo quiero.

En cuanto al trabajo en libros de texto, es arduo, difícil, demandante y, sin excepción, me deja exhausta; además de los múltiples entuertos que hay que resolver a diario, que le sacan canas verdes hasta al más zen. Eso sí, luego de haber hecho esto puedo hacer cualquier cosa, estoy curtida.

En mi trabajo comencé siendo correctora. Lo cierto es que comencé siendo “la menos peor” de una lista de cinco o seis candidatos para un puesto de correctora ortotipográfica. Y me quedé. Pero como nunca estoy conforme, avance, busqué, pregunté, estudié, y ascendí, mejor dicho, me ascendí a correctora de estilo. Volví a preguntar, a buscar, a avanzar, a estudiar y llegué a editora, y hasta aquí vamos bien. Creo que esta es la parte que en verdad me gusta aunque sea una relación amor-odio (siempre más amor, y no lo digo sólo yo, lo dicen muchos en este medio). En fin... ¿a dónde voy? Pues voy al trabajo independiente, al tan mal llamado en México trabajo de free lance. Y digo mal llamado, y digo en México, porque en este país, nadie, a veces ni los propios trabajadores independientes respetamos nuestra labor, y es falso que sea free (de hecho si uno quiere comer, tiene que ponerle más empeño que al trabajo formal).

Hace unas semanas alguien publicó en twitter un post en un blog sobre el trabajo independiente, y sobre la forma en que este trabajo se malbarata y se mal paga. De 12 años en el trabajo editorial, durante 10 he sido independiente, así que sé de qué hablo y tengo autoridad para hacerlo, la misma que me da haber sobrevivido, más o menos bien, durante esos 10 años de esta modalidad de trabajo.

En el texto que menciono, se quejaba alguien de que ahora se buscan creativos a costos bajísimos. De que se publican anuncios semejantes a “si usted es creativo y cobra bara, venga, aquí lo empleamos”.

En efecto, el mundo del free lance está plagado de malbaratismos y de ninguneos, y en el medio editorial más (seguro que me excomulgan del gremio luego de esto, pero los gremios siempre me han importado una pura y dos con sal y chile piquín). Pero yo creo que los errores no sólo los cometen los empleadores, sino también nosotros como trabajadores.

Así que, veamos cuál es el meollo del asunto, según yo, verdad.

Pues comencemos con lo que decía un ex jefe mío: “Ocelotita, claro, en este país cualquiera que tenga un lápiz en la mano, sepa leer y escribir, y no tenga empleo, podrá llegar y decir, ‘soy corrector’”. Y, en efecto, es aquí donde comienza el conflicto: no importa qué tan bueno seas, no importa cuánto estudies, ni en cuántas editoriales hayas trabajado antes, siempre encontrarán a alguien que cobre menos que tú, aunque luego terminen pagando el triple de lo que cotizaste porque lo hizo todo mal, y es peor enmendar que hacer de cero.

Sin embargo, en el camino, he conocido personas que por la urgencia de tener trabajo bajan sus precios (yo misma lo hice en una época muy prangana de mi vida), aunque sean buenos. Pero esto no es bastante, además de lo poco que a veces pagan y uno acepta, te pagan hasta finalizado el trabajo y cuando llega la hora de entregar el recibo o la factura te salen con que “ah, lo olvidé, pagamos a 45 días” (que en realidad son 60).

Entre que terminas el trabajo y entregas el recibo, te llaman todo el tiempo para presionarte, a todas horas, todos los días, sí, absolutamente todos los días de toda la semana, de todo el mes (hay que dejar en claro, que confrontado con un empleo “estable, en nómina o en blanco”, un freelancer nunca tiene prestaciones, ni tiempos libres, ni vacaciones, nunca se cansa, nunca duerme, no mea, ni caga, ni come, ni se enferma, no tiene religión, ni ama a la patria, no paga renta y sus cuentas siempre son pacientes, pueden esperar más de lo imaginado; es decir, un freelancer es casi un cyborg dispuesto a las órdenes del mejor postor, o de su hambre, claro).

Me pasó también que al llegar a una entrevista para saber si me daban o no el trabajo, al momento de ver mi CV me decía esta vieja: “Qué lástima, pero no tienes licenciatura”, y me seguía preguntando cosas, y cada dos preguntas me decía con mirada de lástima “...pero es que no tienes licenciatura”... Señora unamita (porque trabaja en la UNAM), ¿que cree? la licenciatura nunca me ha hecho falta, soy autodidacta y tengo mucha más experiencia y conocimientos que cualquiera de sus alumnitos, ah, y he hecho publicaciones mucho más importantes que su bolentinzucho mal diseñado, mal redactado y mal publicado.

Y si te descuidas, de pronto te dicen: “Oye, y sí además de la corrección de pruebas, ¿buscas las fotos? ¿Y si además de la corrección de estilo, un día de éstos te vienes a sentar aquí con el capturista a verificar que las haga y luego cotejas? ¿Y sí, luego de corregir vas a mi casa y la trapeas y lavas mi ropa?”. ¡Claro! todo por el mismo boleto...

Si te descuidas aún más, luego de todo esto, hay veces que ni siquiera te pagan (por cierto, Karlita No Recuerdo Tu Apellido, ¿recuerdas que te corregí y te reestructuré tu tesis de arquitectura sobre el Palacio de Bellas Artes, y gracias a eso te titulaste y nunca me acabaste de pagar? ¿Cómo luce mi título en la sala de tu casa?). En ocasiones te buscan lo que yo llamo el “pleito ranchero”**, y luego de hacer una “revisión minuciosa” de tu trabajo resulta que:

Empleador: Oye, me da mucha pena pero no hiciste lo que te pedí, yo te pedí una corrección ortotipográfica, pero hiciste otra cosa.
Freelancer: Eso fue lo que hice, a ver, dime ¿qué es una corrección ortotipográfica, según tú?
Empleador: Cof, cof, este... bueno, mira, es que se te fue un acento en “policíaco”, y aquí en la cornisa, ¿ves? debía ir un guión corto, y se te fue uno medio.
Freelancer: Oye, pero así dice tu manual de criterios editoriales, y policíaco puede, o no, llevar acento.
Empleador: Bueno, es que te dije que me tenías que entregar el miércoles, y hoy es jueves.
Freelancer: Pero... mira tu calendario!! Hoy es martes!!
Empleador: Bueno, pues vuelvo a revisar tu trabajo y ya te llamo yo para decirte cuándo te pagamos...

Obviamente esa llamada no llega nunca... Y si uno hace el intento de cobrar ese dinero, pueden suceder muchas cosas: la de siempre, que no te vuelvan a contratar; que te evadan o te hagan múltiples citas para dejarte esperando, que te fastidies y nunca más vuelvas a joder; que te boletinen en otras empresas diciendo que eres un pésimo proveedor; que te dejen colgando del teléfono horas y horas, de tal forma que cuando al fin te pagan, ese dinero ya lo debes de teléfono; y la peor: que nunca te paguen y sí utilicen lo que hiciste para publicarlo.

Bueno, estos puntos malos son del lado de los empleadores, pero ¿qué me dicen de los freelancers? Ahí les va.

Hay personas muy mareadoras que trabajan mal, que te dicen “yo las mato callando” y sí, las matan pero de pura oligofrenia. Hay quienes se inventan currículos y no tienen idea de lo que deben hacer. Hay quienes de pronto, ante la presión se esfuman, no responden mails, teléfonos, señales de humo, recados, smss, hasta que se les hinchan los... cachetes, o nunca; y además se llevan el material que hicieron otros. Hay quienes hacen el trabajo pésimo, cobran y se van. Los hay también que dicen “pues yo corrijo según el precio, como veo doy” (aquí he de hacer un paréntesis: si uno acepta el trabajo y acuerda la cantidad a pagar desde el inicio, debe hacer lo que se compromete a hacer; nada de que, “como me pagan la corrección de a $15 por cuartilla, hago una corrección de 12 varos”; creo que uno siempre tiene que ser el mejor corrector o editor que le sea posible, y hasta imposible, ser). Los hay también que te dicen “te entrego mañana” y aparecen tres días después. Hay quienes en lugar de corregir se ponen a escribir (otro paréntesis: como decía mi mismo ex jefe de más arriba: “A ver, nena, ¿aquí qué hiciste? ¿Está mal este texto? ¿Sí o no? Porque mira, si está mal y lo corregiste, aplausos; si no está mal, pero no te gusta, pues te aguantas... así escribe este autor, ése es justamente el estilo... y en efecto, tú eres la guardiana de ese estilo, no tienes porque deformarlo o escribirlo de acuerdo con “tu estilo”, ¡zás!)***

Los hay también aquellos que creen que siempre están corrigiendo libros de poesía, cuando el texto es de administración, de psicología, de química orgánica, o viceversa, ¡plop! Y los hay, la mayoría (sí, me excomulgarán, sí, de veras) que no conocen un libro. O sea, este fenómeno, no sé si sólo pasa en este trabajo, pero es como ser mecánico y no saber de coches, como ser vaquero y no saber de panzas de vacas, ¿cómo pueden hacer libros, personas que nunca leen ni escriben ni tienen criterio propio? Pues sí, sí los hay, muchos.




Ésos que mira usted ahí, se llaman signos de corrección,
sí, hay que aprenderlos todos para poder corregir en hojas impresas
y son una convención mundial, aunque no sé si de verdad los usan en,
digamos, ¿Japón? Nunca he trabajado ahí... snif


Ahora, ¿cómo resolvemos todo esto? ¿Cómo hacemos que el trabajo sea libre y nos libere y nos dé de comer? ¿Cómo nos hacemos valer como empleadores y como proveedores? Fácil: siempre respetándonos y siendo claros.

Lo que yo aprendí en 10 años de freelanceo (y sigo aprendiendo, aunque obtener la chuleta me cueste un poco menos de esfuerzo, relativamente), fue:

• Nunca mientas sobre tus capacidades.
• Sé puntual, esmerado, dedicado y congruente (si te retrasaste para la entrega, puedes llamar, afrontar y pedir una prórroga; esconderse es mortal para ti y para quien te busca).
• Si te es posible y te dan ganas, reporta tus avances (esto a uno le da muhca lata, pero al empleador le brinda mucha tranquilidad, porque sabe que estás haciendo su trabajo).
• Si tienes dudas, mejor pregunta. Es mejor que te vean con ojos de “qué pendejo es este güey” cuando no la has embarrado, que cuando ya hay tres mil libros impresos y un millón de pesos en la basura.
• Respeta tu trabajo y el trabajo de los demás, nunca seas prepotente ni majadero (yo siempre quiero pensar que el mismo empeño que pongo en mi chamba, lo ponen otros en la suya).
• Está siempre dispuesto a enseñar lo que sabes, y a aprender lo que desconoces.
• Nunca aceptes ninguneos de nadie.
• Nunca malbarates tu trabajo, eso siginifica “soy tan chafa que acepto lo que sea, págame lo que quieras”.
• Infórmate sobre los estándares de precios de tu chamba, y media algo conveniente para ti y para quien te emplea.
• En la medida de lo posible, está siempre informado de las novedades de tu trabajo: desde el chisme del conserje, hasta el chisme de la Secretaría, desde la historia de cómo comenzó a hacerse ése trabajo, hasta los últimos avances.
• No te empeñes ni te juntes con gente mal hecha, quejosa y criticona, enfócate en las personas que tienen algo que enseñarte.
• Nunca prejuzgues.
• Nunca, pero nunca te pelees a gritos y sombrerazos con nadie de tu trabajo. (Ojo: No digo que no hay que pelearse, a veces es necesario; pero que nunca sea una función de lucha libre, siempre hay formas “diplomáticas” de hacerlo.)
• ¡Ah! Y cuando aceptes trabajo, siempre deja muy en claro: para cuándo entregas, qué se espera de ti, qué tienes qué hacer (no todos tienen los mismos conceptos sobre diversos aspectos del mismo trabajo), cómo y cuánto van a pagarte y verifica que ambas partes estén satisfechas. (Odiseo: No, no es caballerosidad negociar el pago al final de la chamba, la caballerosidad debe dejarse fuera de los negocios, me parece, no mames.)
• Y siempre debes ser tan bueno en lo que haces, que debes estar seguro de que muy difícilmente alguien podrá pescarte en un error. (Y si alguien te encuentra un error, lo mejor es asumirlo con humildad y enmendarlo de la mejor manera posible.)

Creo que no sólo basta quejarse, sí, el país es una romería (el mundo entero, en realidad), pero nosotros como individuos también nos esmeramos en hacernos mala fama, cuando debiéramos esforzarnos por hacer lo que a cada quien le corresponde y bien. Esto, es lo poco que yo he aprendido. Y a pesar de todo, he de aclarar que mi trabajo de verdad me apasiona, me encanta, lo amo...

PD: ¿Y los poetas? Esos aparecerán en la parte dú... ¿Qué por qué escribo también de poetas? Pues porque a veces también lo soy, y los conozco. Yo soy de los humildes, aclaro...

* Si usted quiere escribir y no puede, o puede y no quiere, o se hace bolas cuando escribe, o algo así, no puede dejar de leer la maravillosa y amarga (a mí me parece amarga, quizá me lo tomo a pecho) novela El libro vacío, de la escritora mexicana Josefina Vicens. Si quiere ver el prefacio que hizo Octavio Paz a esta novela vaya a esta liga http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/memorias/escritoras_hispano01/nljosefinav.htm

** Pleito ranchero: sus., masc., 1. Término que se emplea para designar un conflicto salido de la nada, buscado de manera gratuita, con la firme intención de que sea el pleitista el triunfador. / coloq. México, 2. En palabras coloquiales: pedo que se busca con alguien para ganarle antes de que el otro lo amachincuepe a uno, o sea, matanga dijo la changa.

*** En efecto, he tenido algunos jefes bien, pero bien fregones; pero también, bien pero bien canijos, aprender este trabajo me ha costado incluso lágrimas, zapes, que me pendejeen; que me lloren; que me aplaudan; que me den besos; que me avienten las pruebas; qué me digan “¡qué bonito te quedó!”; que me las regresen y que me digan “esto no cierra a pliego, no chingues”; que me llame un autor y me diga “no joda, ése no es mi original (cuando retome la chamba de otra vieja, que hacía puras pendejadas, obvio, yo ni idea tenía de cuál era su original); etcétera, como en todo, pero siempre he tenido la fortuna de encontrarme buenos maestros y los he aprovechado, creo.

jueves, 15 de octubre de 2009

Entre luces y apagones...

Desde esta mínima e individual trinchera,
reitero mi apoyo a la gente del Sindicato Mexicano de Electricistas
y a toda la clase trabajadora de este país, a ver si despertamos al fin...


Para Lauro, mi caidal perdido en estos tiempos interesantes...
pinche piedra maldita...

Mi parajodez es magnánima. Hoy, justo hoy, sentí el llamado de la trash food, y lo atendí, así que fui a comer al burger king de Reforma y la Diana. Es como la cuarta o quinta vez que entro en un lugar de esos. Y hoy me sentí muy mal, porque mientras llenaba de trigliceridos mi cuerpo pude contemplar como se juntaba ahí la vanguardia para la marcha de SME. Me entristecí y me sentí tan estúpida, yo, ahí engordando mi estómago con los engañosos productos yankis, mientras que mi ciudad, mi país se está retorciendo desde los cimientos...


Por un momento, al ver a las personas ahí congregándose, me sentí en tiempos interesantes, y recordé a Lauro.


Cuando éramos adolescentes y apenas larvas sin sentido, sin saber qué haríamos ni cómo haríamos ni para qué lo haríamos, Lauro y yo compartíamos amistad, lecturas y charlas intensas. Alguna vez, me dijo que había leído no sé dónde, que lo que hacía al poeta era "vivir en tiempos interesantes", filosofadas más o filosofadas menos, la conclusión a la que llegamos era que había un tanto de falacia en esa frase, sí, el poeta se hace de tiempos interesantes, pero es él mismo quien hace los tiempos interesantes, quien debe engrandecer su mirada para ser capaz de capturar lo importante en cada época..., lo cual además, en este momento se hace por sí mismo: nuestro país está cambiando, están pasando cosas terribles, y parece como si nadie se diera cuenta, com si a nadie le importara...


Lauro se perdió, ahora deambula por las calles de Toluca, buscando quizá las maravillosas neuronas que quemó en sus naves, porque lo sé, eran maravillosas; la ardilla sí le giraba, caidal, eras tan brillante, no sé cómo fuiste a perderte, no sé cómo puedes perderte de esto que esperábamos con ansia que sucediera.

Pero dejando a Lauro en su extravío... lo cierto es que ver la marcha de ayer, sí exalta mi ánimo patriótico (lo cual es díficil que suceda, soy muy descreída de casi todo), me pone a pensar que siempre la hemos cagado, que si nuestro país está así es porque no sabemos conducirlo ni exigir ni actuar, preferimos el conformismo estúpido de ver por las ventanas como pasa la multitud. A veces escribo cosas como bien saben. Este texto tiene un rato, y ahora, se presta a la ocasión, yo lo ofrendo, como lo poco que tengo que ofrendar a la lucha de los obreros en este país... porque lo cierto, es que yo creo que dentro de poco, esto va a arder...


Soy terrorista

Con admiración para la gente de San Salvador Atenco...
y ahora también para la gente del SME


Me preocupa un detalle,
han comenzado a decirlo,
han comenzado a creerlo,
se han atrevido a echármelo en cara
y no puedo negarlo,
mis acciones me acusan, tienen pruebas,
sí,
soy terrorista

soy terrorista porque desde que tengo tres años trabajo sin descanso
porque he visto cómo mi familia se levanta una y otra vez desde la necesidad
soy terrorista porque aun cuando me gusta estudiar, los maestros siempre me han dicho que lo hago mal
porque todas las veces preguntó por qué
porque leo cosas extrañas y en mi pensamiento crecen Las flores del mal

soy terrorista porque me aburro si voy a misa
porque me parece ridículo el disfraz del papa
porque le rindo culto a Francisco de Asís, a Guadalupe y a Teresa
porque creo que Quetzálcoatl volverá
porque Ghanesa me ha instruido en la poesía
porque el tantra me parece una excelente idea

soy terrorista porque me resisto pacíficamente como Gandhi
porque me apasiona la rabia de Malcom X
porque algunas veces escucho el beat de mi corazón que me hace beatífica
porque aún lloró ante las imágenes de Hiroshima
porque me cae rebien Evo Morales
porque George Bush es la verdadera encarnación del Tercer Reich

soy terrorista porque me río de esos de traje y corbata que salen en la tele y me dicen que la economía va cada vez mejor
porque no entiendo de la bolsa ni de impuestos y no los pago
porque quisiera tener un farol en la esquina que alumbre mis pasos y agua para limpiarme
porque me gustaría la certeza de qué voy a comer mañana
porque quisiera poder comprarme una casa y tener un trabajo que me dejé vivir como ser humano

soy terrorista porque me aferró a muy pocos afectos
porque algunas tardes decido ir con amigos y beberme algunos tragos hasta el amanecer
porque creo que mi derecho a fumar es inversamente proporcional al derecho a respirar de los no fumadores
porque exijo sean respetadas las marcas peatonales
porque me doy cuenta de que el mar está en agonía
porque quisiera ser primitiva para respirar una selva


soy terrorista porque me quedo pasmada ante las líneas de Egon Schiel
porque puedo escuchar detenida y obsesivamente God, save the Queen
porque noche tras noche rezo por escribir un buen poema
porque me doy cuenta de la vorágine desordenada en la que estoy inmersa
porque quisiera tocar una batería hasta destruirla

soy terrorista porque educo a mi hijo como un guerrero
porque no necesito tarjeta de crédito y no le debo nada a nadie
porque sólo poseo unos cuantos libros
porque busco y sigo buscando
porque busco a alguien a todos a nadie

soy terrorista porque me atrevo a quejarme
porque no estoy dispuesta a ser golpeada
porque sé que tengo la razón
porque sé cómo actuar
porque no me gusta la muerte pero a veces pienso en bombas

soy terrorista porque me gusta la caguama y el mezcal
porque puedo dejar que cada quien se drogue con lo que más le convenga
porque no me gusta imponer soluciones a las vidas ajenas
porque deseo hacer un documental a lo Michel Moore
porque no quiero estar en ningún grupo

soy terrorista porque me choca el tinte del cabello
porque algunas veces puedo decirle a alguien que me gusta
porque en las madrugadas me da insomnio pensando en la solución para este mundo
porque quiero que mi hijo abra tan grandes ojos que nadie pueda engañarlo
porque estoy harta de esta mierda

soy terrorista porque me acusan y hace tiempo que el Big Brother me persigue
porque espero que vengan por mí

soy terrorista porque soy

es decir
debo aceptarlo
si eso dicen
sí
seguro lo soy




Estoy convencida de que de un tiempo a la fecha, terrorista es cualquiera que contravenga las decisiones y los deseos de los poderosos. Es un mal poema, pero está escrito como siempre, con harta enjundia y jiribilla.

Puede ser que Luz y Fuerza ya no funcionase como debía, pero no son las formas. Lo que es claro para mí, es que de aquí pal real, nos irán despojando de a poco de lo poco que aún tenemos... la privatización es la consigna del gobierno federal, es lo que han buscado durante años y como al fin se cansaron de pedirlo por las buenas (porque los acreedores ya demandan sus cuotas), lo harán por las malas. Poder no les falta, recursos tampoco, idiotez tienen de sobra... ¿y nosotros qué? ¿Nos quedaremos aquí sentados, chateando, tuiteando, pendejeando...? como el chinito mirando nomás...